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26/11/2018·78 VISITAS

Las XI Jornadas para la Recuperación de la Memoria Histórica se centraron en el Valle de los Caídos

Esta edición contó con la participación de destacados investigadores y expertos en Historia que aportaron su visión historiográfica sobre la creación del Valle de los Caídos, sus funciones, evolución y posible futuro, una vez que se lleve a cabo la exhumación del dictador, Francisco Franco Bahamonde. 

 



Las jornadas comenzaron el viernes, con la inauguración a cargo de la alcaldesa de Santa Marta, Ana Belén Cabañas Noriega, que dio la bienvenida y agradeció la participación de los ponentes, así como la colaboración año tras año de Cayetano Ibarra Barroso, coordinador del Proyecto para la Recuperación de la Memoria Histórica hasta su jubilación el pasado mes de agosto. Él mismo fue el encargado de presentar a sus compañeros y de ofrecer una ponencia sobre lo que en un futuro espera que sea un libro: Memoria de la memoria, en el que relatará cómo se ha llevado y se lleva a cabo el trabajo del PREMHEX en materia de recuperación de la memoria histórica. 

Así pues, el viernes, las jornadas estuvieron protagonizadas por la ponencia del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura, Juan García Pérez, quien realizó una aproximación histórica a lo que fue el Valle de los Caídos durante el Franquismo, por qué, para qué y por quiénes se construyó, así como los restos que se enviaron allí para su descanso. Expuso que hay muy pocas publicaciones de interés historiográfico sobre este tema, pero los que hay hacen posible hacerse una idea más o menos aproximada de lo que supone este monumento. El Valle de los Caídos fue un proyecto personal y una necesidad sentimental del general Franco y formaba parte de su estrategia de rendición de honores a los muertos del bando nacional desde antes del final de la contienda fratricida. 

Se empezó a construir en 1940 y su inauguración formal fue en 1959, durante el periodo de apertura de España a la influencia exterior, que propició que en 1957 se comenzaran a enterrar en sus columbarios a algunos muertos del bando republicano. El Valle de los Caídos se construyó para albergar el descanso eterno de los muertos en la Guerra Civil y honrar su memoria y para tal efecto se construyó todo un conjunto megalítico compuesto por la basílica, convento, la cruz y la cripta, en un estilo megalómano con materiales austeros y nobles, como la piedra, para garantizar su pervivencia a lo largo de los años, tal y como se hubiera hecho en la antigüedad clásica. La construcción fue llevada a cabo por alrededor de 22.000 obreros libres y penados, que convalidaban sus penas por días de trabajo (1 día de trabajo era igual a 2 ó 3 días de pena) a cambio de un salario que oscilaba entre las 2 pesetas a las 5 pesetas en el mejor de los casos, de las que se retenía 1,5 pesetas para la manutención. 

De Extremadura fueron a parar la Valle de los Caídos un porcentaje muy bajo de cuerpos con respecto al resto de España, en torno a 260 cuerpos en la primera tanda, siendo la mayoría trasladados desde la provincia de Cáceres. A partir de 1963, el traslado de cuerpos, al igual que en toda España, comenzó a ser meramente testimonial. 

La jornada del viernes, se cerró con la proyección de un documental titulado ¿Qué hacemos con el Valle de los Caídos?

El sábado, abrió el ciclo de conferencias José Manuel Corbacho Palacios, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, quien ofreció la ponencia Una memoria de piedra: el peso de la imposición unilateral de la memoria de los vencedores. En su comienzo hizo hincapié en la importancia de estas jornadas, puesto que son prácticamente las únicas de este tipo que se celebran en Extremadura y que se han mantenido a lo largo de 11 ediciones. El presidente de la ARMHEX realizó un repaso por la evolución de las normativas relacionadas con el Valle de los Caídos, desde que se proyectó su construcción hasta el Real Decreto Ley 10/2018, de 24 de agosto, por el que se modifica un artículo de la Ley de Memoria Histórica para añadir que solo pueden reposar en el Valle de los Caídos los muertos durante la Guerra Civil, por lo tanto, no hay cabida en él para los que fallecieron o antes (José Antonio Primo de Rivera) o después (Francisco Franco Bahamonde). El objeto es que el Valle deje de ser una exaltación del Franquismo y sea realmente un lugar de descanso para las víctimas de la contienda. También apuntó, que se está focalizando la atención sobre la exhumación de Franco, pero no en qué se va a hacer con el monumento, con los enterrados y la congregación benedictina asentada allí. Realizó de igual manera un análisis sobre el papel que está tomando la iglesia católica en este proceso, manteniéndose al margen y diciendo que es un asunto entre la familia del dictador y el Gobierno, pese a que la propuesta de la familia de enterrarlo en la Catedral de la Almudena (ejercitando derechos nobiliarios y/o abonando dinero) no se ajusta al derecho civil ni canónigo, al haber eliminado los privilegios por títulos nobiliarios y pago de altas sumas de dinero para ser enterrados en templos, por el Concilio Vaticano II. Por lo que se propone que el enterramiento se haga en Monte Rubio, en el Pardo, junto a su esposa, y reciba el enterramiento que la Iglesia no debe negar a ningún cristiano. 

La jornada del sábado finalizó con la intervención de Cayetano Ibarra Barroso, coordinador del PRMHEX hasta su jubilación el pasado mes de agosto. Su ponencia, Memoria de la memoria, fue un recorrido por todos los trabajos llevados a cabo por esta institución desde que se le encargó su coordinación y que dividió en tres ámbitos de actuación diferentes: exhumaciones de fosas, prospecciones e investigación, creando los protocolos de actuación para llevar a cabo su tarea, siempre al lado de las familias, nunca delante, puesto que para ellos, lo más importante y el papel fundamental es el de los familiares que quieren recuperar los restos de sus seres queridos para darles sepultura digna, poder superar el luto y cerrar las heridas, eso sí, con justicia y reparación.

El encargado de clausurar las XI Jornadas para la Recuperación de la Memoria Histórica fue Francisco Javier Rodríguez Jiménez, natural de Santa Marta y doctor en Historia por la Universidad de Salamanca y miembro del proyecto Global Studies de la Universidad de Extremadura. Su ponencia versó sobre los Usos y abusos de la Historia, en la que expuso que tanto la recuperación de la memoria histórica como las reticencias a ella son consustanciales a las sociedades, es algo normal, en países que han pasado por guerras civiles y que el paso del tiempo es el que da la perspectiva suficiente para que la labor historiográfica de los historiadores y las investigaciones, así como la madurez democrática conseguirán que las posturas se acerquen y se superen los efectos de la propaganda gracias al esclarecimiento científico de los datos y los hechos. Puso como ejemplo Estados Unidos y su guerra civil para ilustrar esta afirmación, haciendo hincapié en que lo realmente anómalo de España con respecto a otros países europeos que han pasado por guerras y dictaduras es que aún no se han recuperado los cadáveres de las fosas ni se han identificado, para conocer el volumen real de víctimas, hecho que ya ha sido reprochado por instituciones tan importantes como la ONU. 

Expuso que cualquier sociedad tiene que reconciliarse con su pasado, rompiendo con los símbolos de los sistemas represivos, sustituyéndolos por los democráticos, que innegablemente son mejores, sean del signo político que sean. Asimismo, expresó que es cuestión de tiempo que se asimile un proceso tan traumático como una guerra civil y una dictadura tan larga, pero que hay que normalizar y dejar que el franquismo sociológico se dé cuenta del tipo de dictador que fue su líder, pese a los cuarenta años de propaganda continúa y a la pervivencia de símbolos tan inalterables como el Valle de los Caídos.  Propuso también que no es necesario ni romper ni destruir los símbolos, sino que hay que musealizarlos, explicarlos y contextualizarlos, aportando luz y conocimiento para garantizar la prevalencia de los valores democráticos. Concluyó afirmando que la memoria y el deseo de saber, así como enterrar y recordar los muertos no están reñidos con la reconciliación, sino que es un paso para lograrla de manera efectiva.

El paso final de las jornadas fue el tradicional recuerdo y homenaje a las víctimas de la represión en el monolito del Cementerio Municipal. 

 

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